Kikuko tenía tres años de edad cuando se enfermó gravemente. Era agosto de 1932. Su hermano visitó la ciudad de Sapporo, Hokkaido (Isla del Norte de Japón), cuando vio a una muñeca y la compró para su pequeña hermana Kikuko. A la niña le encantó la muñequita a la que nombró "Okiku" y, pese a su enfermedad, jugaba y cuidaba de la muñeca todo el tiempo para que no sufriese daños. Lamentablemente su enfermedad empeoró y en enero de 1933, Kikuko murió.
Como es costumbre en Japón el día de la cremación del cadáver pusieron todos
los objetos que la niña mas estimaba para que se quemasen junto a ella, pero a la familia se le olvido agregar a esos objetos la muñeca, envés de quemar a Okiku la familia decidió conservarla, colocándole unos días después junto a las cenizas de Kikuko.
los objetos que la niña mas estimaba para que se quemasen junto a ella, pero a la familia se le olvido agregar a esos objetos la muñeca, envés de quemar a Okiku la familia decidió conservarla, colocándole unos días después junto a las cenizas de Kikuko.
Con el tiempo, la familia comenzó a notar que el cabello de la muñeca comenzaba a crecer y, en los años 40, con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la familia se trasladó hacia el interior, y decidieron confiar la muñeca a los sacerdotes del templo Mannenji, que la guardaron junto con las cenizas de Kikuko.
Cuando terminó la guerra, la familia regresó a la ciudad, buscó sus pertenencias en el templo, donde se dieron cuenta con asombro de que el cabello de la muñeca no había dejado de crecer.
A petición del hermano de la niña, la muñeca se mantuvo en templo. La prensa, mostró el fenómeno, que llamó la atención de los investigadores, que pedían que se diera una explicación científica para el caso, lo que no ocurrió hasta hoy.
El templo situado en Hokkaido, es visitado por turistas y curiosos que quieren ver con sus propios ojos si si la historia es real y si los cabellos de Okiku siguen creciendo.



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